Los dilemas del gobierno

¿Qué pasó con el rebote del segundo semestre? ¿Dónde está? Ni idea. Tal vez se lo escondieron porque es medio feito.

Algunas reflexiones para 2017.

Nuestros los empresarios (los únicos que supimos conseguir después de 70 años de desarrollismo criollo) se entusiasmaron con la Lebacmanía y se olvidaron de invertir en fierros para producir más y mejor. Nuestros políticos, ajenos a la realidad, decidieron mantener el deficit fiscal (responsable de la inflación) porque total, desde la Marte, todo se ve tan lindo…

Mientras tanto, el mundo se ocupó de enviarnos algunas señales no tan simpáticas: un dólar más fuerte por el efecto de la Trumpmanía. ¿Qué significa eso? Ahora todos esperan que EE.UU. crezca más rápido que los zombies de Europa y Japón (el mundo desarrollado) y por lo tanto árabes, rusos y chinos buscan invertir en USA. Para ello necesitan los verdes. Entonces se desprenden de sus propias monedas, generan devaluaciones por doquier encareciendo a nuestro querido peso y restándole competitividad a nuestra exportaciones de aceitunas y vinos, por ejemplo.

Ante este escenario más negativo: ¿Qué puede hacer el gobierno? Primero debemos suponer que alguien trae a todo el gabinete desde Marte . Segundo, después de un buen café que los despabile, se les plantea como primera orden del día resolver el siguiente dilema:

a. mayor desempleo;

b. más deuda y/o

c. mayor transferencia de riqueza

Es decir, cualquier decisión que tomen los cráneos de hacienda, interior o jefatura de gabinete (vaya a saber uno quien manda ahí dentro) el resultado va a ser una combinación entre más deuda, más desempleo y/o mayor transferencia de riqueza entre sector privado y el sector público.

Veamos en detalle.

Supongamos durante los próximos meses continua escaseando las inversiones privadas porque el déficit no baja y la tasa de interés se mantiene alta. ¿Como hace el gobierno para generar crecimiento?

Debería estimular alguno de los tres  componentes de la demanda: exportaciones netas, consumo o inversión.

a) opción “ajuste tradicional”; es decir, lo de siempre, devaluar para reducir los salarios en dólares y estimular las exportaciones;

b) subir el déficit para reactivar el mercado interno (lease consumo) y/o

c) tomar deuda para (entre otras cosas) generar mayor en inversión en obra pública.

¿Qué le parece la opción a)? Un bajón porque el resultado de toda devaluación es una transferencia de riqueza de las familias (es decir, de usted) al sector transable de bienes (el campo, los estafadores que ensamblan notebooks en Tierra del Fuego, etc.). Ni ahí se la recomiendo.

Con la opción b) el gobierno puede estimular el consumo aumentando los ingresos de las familias (la de su vecino, porque usted le aseguro que se queda afuera del reparto) con menores impuestos (el de las ganancias por ejemplo), aumento de jubilaciones y AUH o manteniendo los subsidios. Para hacer frente a esta transferencia del gobierno a las familias, es necesario tomar más deuda (por el mayor déficit fiscal) o vender activos (YPF, Aerolíneas, la Casa Rosada con todos adentro, etc.).

La opción c), por último, también implica más deficit porque, como se habrá dado cuenta, ya no hay plata para que el gobierno pueda concretar los numerosos planes de obra pública anunciados (Belgrano Cargas, las represas del Sur, etc.)

En 2002 se pudo implementar la opción a) y luego tuvimos que acostumbrarnos a convivir con 30% de pobres. La opción b) nos las “empoderó” CFK entre 2011-2015 y el resultados uno de los peores agujeros fiscales de la historia Argentina.

El gobierno esta intentando ir por la opción c) pero para ello es necesario atraer capitales que con esta inflación y tasa de interés no van a venir. Los mercados se sentirán satisfecho en una primera etapa si ven algún plan serio y sustentable de ajuste del gasto publico (es decir, algún recorte de subsidios más una buena reducción de puestos innecesarios). El gobierno parece ir, de momento, en otra dirección. Pensemos que la última vez que bajamos el gasto fue durante la crisis de 2002 al congelar los salarios del sector público con 40% de inflación. En esta Argentina que viene, aún un pequeño ajuste, luce a misión imposible, no le parece?.

 

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