Se fue Alfonso, estalló el verano.

Alfonso hizo simple lo complejo. La salida del cepo y el acuerdo con los Holdouts fueron su mayor logro. Pero no vimos la misma decisión y capacidad para manejar el déficit fiscal ni promover el crecimiento. Su salida no es menor, pero sigue siendo el presidente del BCRA, Federico Schwarzenegger (primo lejano de Arnold según Scioli – escuchar audio -), el garante del modelo.

Como ex-trader de monedas en JPM y ex-presidente del BCRA, Alfonso conocía muy bien los circuitos del mercado de cambios. Tenía también a su favor las expectativas positivas que despertaba el gobierno de Macri. Pero la salida del cepo fue simple porque el entendió la diferencia entre stock y flujo.

Por un lado, anunció la llegada inminente de financiamiento por varios miles de millones de dólares para calmar los ánimos de quienes tenían un stock enorme de pesos en los bancos por importaciones impagas o dividendos no girados al exterior. Por el otro, ese 16 diciembre sólo se habilitó a comprar hasta US$ 2 millones de dólares, es decir, sólo se permitió que accediera al mercado de cambios el flujo de la nueva demanda. Luego, con el tiempo y en la medida que ingresaban los dólares de la cosecha y de los bonos que Argentina vendía en el exterior, se permitió dar salida al stock. Una jugada simple, pero efectiva.

El acuerdo con Holdouts también lo hizo simple porque supo transmitir, a través de Caputo y cía., la predisposición a pagar de Argentina. Por su lado, Paul Singer (¿Se acuerdan cuando era el malo de las cadenas de CFK?), tenía todas las ganas de cobrar. Sin ideología, ni discursos de barricada. Había que negociar y se negoció.

Ese fue el gran momento de Macri y cambiemos. Luego llegó el segundo semestre y la reactivación que no fue.

Echarle la culpa sobre la marcha de la economía a Alfonso o al que venga, es incorrecto. El ministro no puede evitar que un estado sobredimensionado atienda a quienes piden fondos públicos (empresarios, gobernadores, piqueteros, proveedores del estados, funcionarios… todos menos Ud.) por miles de pequeñas ventanillas por donde se fugan los pesos que la AFIP recauda (aquí si está Ud.).

Mirando la historia reciente de nuestros ministros de economía o como sea que ahora se llama eso, la llegada de un Cavallo o de un Lavagna, estuvo siempre precedida por un ignoto (al principio, porque después todos se acordaron de su madre) para hacer el trabajo sucio. ¿Se acuerda de nuestro amigo Ermán “Plan Bonex” Gonzalez o Remes “pesificación asimétrica” Lenicov?

En esta oportunidad no vamos por ese camino porque el trabajo sucio fue subir las tarifas y de eso se ocupo (mal) el ex-CEO de Shell. Así que haber nombrado a Nico Dujovne es correcto.

¿Qué podemos esperar para los próximos meses? Hay buenas probabilidades que el escenario internacional, al menos transitoriamente, sea más benigno.

¿Por qué? Este último trimestre se caracterizó por un dólar más fuerte y la tasa en EE.UU. más alta (encareciendo nuestro financiamiento externo). Ese movimiento, al menos en esta primera fase, parece tomarse un respiro. El peor momento de los bonos argentinos pasó (fue a principios de diciembre) y la recuperación estaría en marcha. La confianza en Argentina, por ahora, sigue firme.

En cuanto a la actividad económica, yo miraría los movimientos de la tasa que haga el garante: Federico Schwarzenegger. Bajar la tasa es una de las llaves para la recuperación (la otras son el déficit y el gasto en infraestructura); hay que disminuir el incentivo a comprar LEBAC y subir el de comprar fierros para la producción. ¿No le parece?

 

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