Vuelto con caramelos.

Nota publicada en la edición impresa del El Economista -19/1/17-.

En diciembre pasado, el ministro del Interior, Rogelio Frigerio, viajó a China con un doble objetivo: por un lado, conseguir créditos por US$ 33.000M para financiar 8 grandes proyectos de infraestructura y, por el otro, que los supermercados chinos dejen de dar vuelto con caramelos. Las autoridades chinas se mostraron accesibles al primer pedido, pero se negaron a lo segundo ante la crónica escasez de monedas en nuestro país (el cuento de siempre).

Como en toda negociación, siempre algo te piden a cambio y, en esta oportunidad, quieren que Argentina considere a China como una economía de mercado. Es decir, aceptar que no hacen trampa vendiendo su producción por debajo del costo y dejar que inunden nuestro pequeño mercado con bienes que nosotros todavía productores (algunos quedan, ¡no sean tan pesimistas!).

Sorprendería ver al Gobierno aceptar este requisito más teniendo en cuenta que el anterior no se animó a tanto (la presión de la patronal, vio) a pesar de la buena onda y la compra de los trenes. ¿Imagínese la cara de la canciller Susana Malcorra y la del ministro Nicolás Dujovne en Davos ante este pedido? ¿Cómo le dicen que no sin que se enojen? ¿Cómo le explican que en este tema estamos alineados con Europa y Estados Unidos? No será nada fácil y este es uno de los tantos dilemas que enfrenta el Gobierno (el otro importante y que está relacionado es el de crecer y ajustar en un año electoral).

Macri, China y vos

¿Qué tipo de vínculo queremos con China? La época dorada en la que les exportábamos soja y ellos nos vendían “todo por $2” se terminó. Esta nueva China se acerca al final de un largo camino que la llevó de ser una economía periférica en 1990 a convertirse el tercero en discordia entre EE.UU. y la Unión Europea. Este proceso culminará con la liberación de su mercado de cambios porque todavía en China no se pueden comprar libremente dólares para atesoramiento. ¿Le suena esta historia? Le doy una pista: tiene cuatro letras y empieza con “ce” y termina con “po” (breve paréntesis: es interesante la fiebre que despertó, a principios de enero, la compra de Bitcoins usando yuanes para zafar del límite de los US$ 50.000 por persona y por año que establece el Gobierno).

La otra cuestión importante en la agenda del Gobierno comunista está relacionada con el empleo. Ahora están impulsando el desarrollo de empresas más pequeñas, menos intensivas en capital y más en mano de obra también conocidas aquí y en la China como Pymes. Para facilitar el acceso de este tipo de compañías a los mercados internacionales, inauguraron la nueva ruta de la seda: un tren que une China con Gran Bretaña. Este servicio está pensado no para el transporte de grandes pedidos de mercadería sino más bien como un puerta a puerta más rápido que el barco y más barato que el avión. Todo un síntoma de los tiempos que se avecinan.

El Gobierno Argentino, atento a esta nueva realidad y comprendiendo que con la soja solo no alcanza, quiere aprovechar la enorme experiencia adquirida por nuestro socio en el desarrollo de infraestructura en los últimos 30 años. Además, ellos tienen la ventaja de contar con una enorme capacidad instalada y bancos en condiciones de otorgar créditos blandos a quienes decidan comprar productos o contratar servicios chinos.

Esta es una oportunidad excelente para Argentina, pero tengamos en cuenta que en el mundo se avecinan más cambios a partir del 20/1. El relato a favor del libre comercio de la era Bill Clinton-George W. Bush-Barack Obama parece llegar a su fin con Donald J. Trump. ¿Cómo conciliar la buena letra con Occidente con los pedidos de China para que la aceptemos como una economía de mercado? ¿Nos ayudarán con la infraestructura igual? ¿Alguna vez pudo pagar la compra en un supermercado chino con caramelos? Mientras tanto, ni lento ni perezoso, Luis Caputo salió de gira para captar dólares frescos por si el escenario internacional se complica después de la asunción de Trump. Con o sin acuerdo con China, lo que importa es tener los verdes bien guardados.

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