En defensa del estado de bienestar

Nota publicada en el portal de noticias BAVIVO.com -9/2/17-.

Existe un amplio consenso entre los economistas sobre las cuestiones económicas que más apremian al gobierno de Cambiemos en su segundo año: estancamiento, déficit fiscal e inflación.

También parecen todos de acuerdo sobre la receta para salir de esta crítica situación: reducir el tamaño del estado bajando impuestos, recortando el gasto y, obviamente, reduciendo el empleo público.

¿Es esta la única vía posible? No, de ninguna manera. Existen otros caminos porque en la vida hay grises. Los exponentes más conocidos del estado mínimo como Javier Milei o José Luis Espert, fundamentan sus recomendaciones sobre teorías nunca probadas.

En ningún lugar del mundo moderno existe una economía exitosa sin un sólido marco regulatorio o una importante presencia del estado.

Ni Suecia ni Corea (dos ejemplos de modelos opuestos de desarrollo) han permitido que sus economías fueran gobernadas exclusivamente por las leyes del mercado. En el primero impera el estado de bienestar financiando con altos impuestos mientras que en el segundo el estado subsidia, protege e incentiva a sus empresas para ganar cuota en los mercados externos.

Otro dato que suelen pasar por alto estos economistas es la incapacidad de sus modelos de regulación mínima para prevenir y resolver crisis sistémicas como la de 2008.

El 15/9/08 la Reserva Federal y el Tesoro de EE.UU., siguiendo las recomendaciones del mercado, dejaron que Lehman Brothers fuera a la quiebra. Bastaron 48hs de verdadero pánico para que salieran al rescate de la siguiente víctima, la aseguradora AIG. Luego vendrían los salvatajes de CITIBANK y GM, entre muchos. ¿Quién puso el dinero? ¿El mercado o el contribuyente americano?

La ausencia de una nueva crisis en EE.UU. se debe, en parte, a la legislación Dodd-Frank que limita el poder de los bancos comerciales para emprender inversiones especulativas y que ahora Donald J. Trump se dispone a eliminar. La estabilidad engendra inestabilidad plantea Hyman Minsky. Luego de un período de calma, los controles se relajan y el mercado vuelve a asumir riesgos que después el contribuyente debe resolver con sus impuestos.

En la Argentina esto ya pasó porque también precisamos en su momento del estado para palear los efectos de una gran crisis como la de 1929. Fue un gobierno conservador como el de Agustín P. Justo quien primero intervino el mercado de cambios y luego creo el BCRA para sacar de la recesión a nuestro país. La historia demuestra, que si la intervención del estado, una economía moderna no podría funcionar sin un elevado nivel de imprevisibilidad.

La discusión pasa por qué estado queremos: ¿Uno que subsidie el consumo irresponsable de energía o uno que mejore el Belgrano cargas para aumentar la productividad y permitir que el norte argentino salga de su estancamiento secular?

Los economistas libertarios o “de la isla de la fantasía” deben abandonar sus modelos de papel que solo funcionan y predicen futuros de éxito en el ámbito académico. Los ejemplos y los datos de la realidad, muestran que la regulación y la presencia del estado son condiciones necesarias para el desarrollo de una nación.

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