Eramos tan pobres pero ahora un poquito más

Nota publicada en el portal de noticias BAVIVO.com -10/3/17-.

Según el último informe de la UCA en la Argentina hay 13 millones de pobres, es decir uno de cada tres argentinos la pasa mal. El dato no asombra porque la pobreza es tal que no se puede esconder debajo de la alfombra ya que la vemos pidiendo limosna en cada semáforo o al costado de los principales accesos de la ciudad.

Durante años Guillermo Moreno y compañía manipularon los datos de inflación de tal manera que nos acostumbraron a escuchar que los salarios subían un 25% mientras que los precios lo hacían solo un 10%. Gracias a la magia de los números era cuestión de tiempo para que un día alguien le soplara al oído de la Presidente que teníamos menos pobres que Alemania. Lo triste es que lo dijera en público ante la risa de todos.

Vengo por un aumento

El drama de la pobreza se resuelve, entre otras cosas, subiendo el salario real. Para esto es necesario lograr que los ingresos de las familias cada año compren un poquito más de alimentos, ropa y medicamentos que el anterior. Pero no basta con subir los salarios en pesos (aunque muchos lo crean así) porque la mayor parte de la cosas que una familia consume tienen algún componente que viene de Brasil, EE.UU., Europa o China. Nuestros socios comerciales por muy simpáticos que seamos los argentinos quieren dólares por los productos que les compramos y para conseguir esos dólares tenemos dos caminos: a) venderle productos “made in Argentina” como el dulce de leche, la birome o la soja o b) le pedimos prestado a nuestro banquero amigo. La opción b) está limitada en el tiempo por la capacidad de repago del deudor. ¿Cuántas compras en el supermercado puede aguantar su tarjeta de crédito hasta agotar el limite? A un país le pasa lo mismo. Por el lado de la opción a) el limitante esta dado por los recursos naturales (cantidad de tierra fértil por ejemplo) y la tecnología disponible.

Fuimos potencia

Seguramente Ud. recuerda que alguien le contó que en 1910 éramos potencia (la séptima más precisamente) junto a Australia. ¿Qué paso entonces con nosotros? Será por el clima o por nuestra forma de ser (somos muy pasionales), nuestra población creció más deprisa que la australiana. ¿Y cuál es el problema se preguntará usted? Nuestras exportaciones (la capacidad de generar dólares) no le siguió el ritmo la cantidad de nuevos bebés y para economías dólar-dependientes como la nuestra, la relación exportaciones y cantidad de habitantes es determinante. Veamos un ejemplo:

En 2015 Australia exportó US$ 187.000 millones de productos mientras que la Argentina lo hizo por US$ 59.000 millones. Pero como aquí somos 43 millones y en Australia 24, entonces, cada australiano exportó US$ 7.800 mientras que cada uno de nosotros solo vendió al mundo por US$ 1.360. ¿Y entonces? Téngame paciencia, ya llegamos al nudo de la cuestión. Pensemos en el precio de un bien como el iPhone 7 (US$ 649). Cada australiano podría comprar hasta 12 teléfonos por año contra apenas 2 de un argentino. Es aquí donde la cantidad de exportaciones por habitante se vuelve crucial para el desarrollo de un país y la erradicación de la pobreza. Si un gobierno decide aumentar los salarios de 15.400 pesos por mes (unos mil dólares) a 30.800 (unos dos mil verdes) vamos a terminar teniendo un problema cuando todos quieran comprar bienes importados porque a menos que suban las exportaciones no va haber dólares para todos (sino, pregúntele al cabezón Duhalde).

Al final, el campo solo no puede

¿Cómo hacemos para conseguir más exportaciones para tener los dólares que financien sueldos más altos? El campo es la clásica respuesta pero no puede ser la única. Aunque podamos cosechar 150 millones de toneladas de cereales por año (todo un récord), estos agro-dólares no son suficientes para sostener un aumento de los salarios tal que nos permita resolver la pobreza. Es vital encontrar otro tipo de exportaciones que no dependan de la dotación de recursos naturales. En eso está ocupado el gobierno pero no depende solo de los políticos (porque sino estaríamos en el horno) sino también de la creatividad y el ingenio de todos nosotros que no es poca cosa porque en este país si uno no se las rebusca no sobrevive.

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