Vivir bajo reglas

Nota publicada en contratapa del diario El Economista -22/3/17-.

La línea E del Subterráneo todavía resiste a la modernidad. Su recorrido por el sur de la ciudad fue clave para preservar la estética ochentosa de sus estaciones y las formaciones Siemens que datan de los años ‘30. Es una combinación única entre el film “Ciudadano Kane” y el Italpark. Otra particularidad simpática del viaje es la sincronización entre el arranque del tren y las luces interiores. A intervalos irregulares, las luces se apagan cuando el tren reinicia la marcha, como queriendo hacer fuerza para tomar el último impulso. Es un divertimiento para aquellos chicos (y no tanto) que no conocieron las bondades del tren fantasma.

Así pues como nos resulta conocido el traqueteo del tren y sabemos qué esperar cuando se apagan las luces, hoy las autoridades del BCRA buscan brindar previsibilidad en un tema tan sensible como el tipo de cambio. El mensaje que bajan del edificio de la calle Reconquista es claro: “ahora tenemos reglas y ya no corre la discrecionalidad del funcionario de turno”. Esperemos que sigan así.

La décima cruzada

Cuando a principios de la semana volvió (una vez más) la cuestión del atraso cambiario a los medios, se planteó bajo el más puro voluntarismo la posibilidad de que el BCRA pudiera “hacer” subir al tipo de cambio hacia algún nivel de equilibrio. Varios inconvenientes trae aparejado esta idea.

Por un lado, no se tiene en cuenta que el objetivo del BCRA es reducir la inflación, y no el de fijar la cotización del dólar. Cuando se anunció la implementación de un programa de metas de inflación en septiembre de 2016, muchos dudamos de su aplicabilidad a una economía tan volátil como la nuestra. Sin embargo, este BCRA vino a romper con esos preconceptos y desde hace un tiempo está embarcado en una cruzada para alcanzar una inflación de un dígito antes de 2019.

Por otro lado, para “hacer” subir al dólar, el BCRA tiene que emitir pesos para comprar el sobrante de divisas del mercado cambiario. Pero como está en plena lucha contra la inflación deberá, una vez emitidos los pesos, sacarlos del sistema vía Lebac o pases, lo que deteriora el patrimonio neto de la entidad. En otras palabras, ¿cuánto duraría usted como jefe de una mesa de dinero si pide prestado a una tasa del 22-24% en pesos para invertir al 1% en dólares? Eso es esterilizar en la Argentina de 2017.

Terminator

El principal activo político del Gobierno es la gobernadora María Eugenia Vidal, pero no es el único. El otro es el presidente del BCRA, Federico Sturzenegger. Es un funcionario ignoto para la mayoría de la población salvo cuando Daniel Scioli confundió su apellido con el de Schwarzenegger, el protagonista de Terminator.

¿Por qué es un activo? Porque contra la presión de propios y ajenos para que baje la tasa de interés en pesos, él mantuvo firme su posición y se erigió como factor clave para estabilizar la transición hacia una economía más de mercado (o lo más parecido a ella ya que no se piense usted que esto va camino a ser EE.UU.). Intervenir para sostener un tipo de cambio más alto no solo no es factible en las circunstancias actuales (sobran divisas y todavía no empezó la temporada alta de liquidación de agro-dólares) sin asumir un costo altísimo, sino que también dilapida todo el esfuerzo realizado para recrear la confianza en la política monetaria.

Déjame ser libre

Los procesos de desinflación como el que vive Argentina atraviesan siempre por un periodo de apreciación cambiaria, altas tasas de interés e ingreso capitales de corto plazo que financian toda la transición. Dejar que se fortalezca el peso en un régimen de tipo de cambio de libre genera problemas (menor competitividad), pero en el largo plazo evita otros mucho más complicados como la falta de inversión (pública y privada). Mi recomendación es comprender cómo piensan y actúan las nuevas autoridades del BCRA, y no darle tanta importancia a la que se dice en los medios.

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