Non-Stop entre Beijing y Sao Paulo

Nota publicada en contratapa del diario El Economista -5/4/17-.

Sobre la avenida Santa Fe, cuando uno empieza a recorrer el barrio de la Recoleta, aparecen en cada esquina los bar-pizza-café heredados de los ‘90. Fue el síntoma de una época donde para sobrevivir había que fusionar la pausa del café porteño con la inmediatez de la pizza (a la piedra).

En uno de esos bares, y en una tarde que anochecía temprano porque era oscuro antes de las seis, me recuerdo hablando de la suerte de Brasil por elegir un Presidente como Lula da Silva ¡y qué lejos habíamos quedado nosotros comparados con el resto de Latinoamérica! Hoy esa charla me dibuja una mueca cada vez que leo en la portada de una web o en la tapa de un diario las palabras “petrolão” u “Odebrecht”.

Es importante tomar distancia de las quejas de la época y usar la sátira para ejercitar el pensamiento crítico: es la única defensa para sobrevivir en Argentina. Hoy le propongo pensar la tapa del diario del lunes porque, como todos repiten, siempre es más fácil.

¡Boom, crash, boom, y crash!

La historia reciente de Brasil es simple: primero vino el boom de las materias primas entre 2002-2007, luego el crash de 2008 y, finalmente, un nuevo boom que terminó en un nuevo crash (2014).

La segunda recuperación (2009- 2013) tuvo un doble catalizador: por un lado, los precios de las materias primas se recuperaron rápido de los mínimos y, por el otro, ingresaron muchos dólares financieros gracias a las tasas ultra bajas en los países desarrollados.

Este combo justificó el exceso de optimismo de los empresarios que se tradujo en un periodo de sobreinversión y sobreendeudamiento. Pero cuando la economía de China piso el freno, todos se estrellaron contra el parabrisas porque nadie llevaba puesto el cinturón. Era el año 2014 y Brasil ingresaba en una crisis política y económica de la que aún le cuesta salir.

Pero todo mala racha algún día se termina, y desde hace unos meses, al igual que en nuestro país, aparecen brotes verdes. ¿Será casualidad?

Otra vez el cuento chino

Entre fines de 2015 y mediados de 2016 China volvió a encender los motores del crédito para estimular una economía que crecía “sólo” al 6-7% anual. Para ello, el Banco Central de China tuvo que inyectar al sistema US$ 1 billón de dinero fresco para que los bancos puedan financiar el déficit fiscal del Gobierno. Estos nuevos recursos, sumados al crédito que los bancos le dieron al sector privado en los últimos doce meses, representan un incremento del stock de préstamos equivalente al 44% del PIB. ¿Qué tal?

Una parte de toda esta liquidez se derramó al mercado de las materias primas y de ahí los brotes verdes en Brasil (vía más exportaciones por precio y cantidad) y en Argentina (aunque aquí fue más determinante la salida del cepo y la quita de retenciones que el dinero fresco de China).

Mientras el Gobierno chino no se decida a endurecer las condiciones monetarias, es decir, a subir el precio del dinero por miedo a que la inflación se dispare, todo va a estar bien.

Se hace la estrecha Finalmente, tenemos algo en común con Brasil. La recuperación en 2017 de ambas economías es estrecha porque solo alcanza a determinados sectores, y no se expande, en esta primera fase, a toda la geografía. Habrá que tener paciencia porque será un proceso lento.

Lo bueno que puede mostrar hoy el Gobierno es que tuvo respuesta donde hubo estímulos: el campo respondió con una cosecha record a la baja de retenciones y las petroleras con más inversiones al aumento en el precio del gas. Por eso, si en China se mantiene la calma, es más probable que lleguemos a las elecciones de agosto y octubre con una economía creciendo que a la inversa.

Al final, esperamos que por una vez los brasileños nos tengan envidia por hacer bien las cosas porque no podemos seguir viviendo del gol del “Pájaro” Caniggia en los octavos de final de Italia ’90.

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