Dólares Confederados

Nota publicada en contratapa del diario El Economista -2/8/17-.

Cuando se busca en Google “American Civil War” o sólo Civil War, el primer resultado que aparece es sobre la película de Marvel Studios (2016), donde se enfrentan Capitán América e Iron Man. Luego, en un distante segundo lugar, surge el tema de Guns & Roses: “Civil War” publicado en el disco “Use Your Illusion II” (1991). Pero si se selecciona la pestaña de imágenes en la búsqueda, el que está es una primera posición es la foto de un Dodge Charge Modelo 1969 color naranja y con la bandera de los estados del sur (los Confederados) pintada en el techo. Era el auto de la serie “los Dukes de Hazzard”, aquel donde Bo y Luke Duke ingresaban al habitáculo directamente por la ventana. Era genial.

Finalmente, aparecen las imágenes que buscábamos: la colección de diferentes dólares billete que utilizaron los estados del norte (la Unión) y los Confederados para financiar el gasto público durante los años que duró la guerra civil (1861-1865). Un conflicto que, entre otros inventos, nos dejó el alambre de púas. Por suerte después crearían también la Coca-Cola y el Big Mac…sino hoy no serían la primera potencia del mundo.

Durante los cinco años que duró la Guerra de Secesión, los estados de la Unión y los Confederados crearon sus propias monedas: los del norte, el “greenback” y, los del sur, el “greyback”. Y puestos a emitir, lo hicieron de lo lindo. Sin embargo y, a pesar del mantra de los economistas libertarios donde la emisión=inflación, los precios en los estados del norte “sólo” se duplicaron mientras que en los estados confederados del sur, el incremento fue de ¡28 veces!

¿Por qué tanta diferencia si la Unión gastó US$ 4.000 millones (de aquella época), mucho más que los US$ 2.700 millones de los Confederados? La clave fue que la base imponible en el norte era mucho mayor, es decir, por cada dólar de gasto público este se financió el 21% con impuestos, el 61% colocando deuda, el 13% con emisión de “greenbacks” y el restante 4% con otras fuentes. Por el contrario, en el sur, sólo el 5% fue con impuestos, 30% con la venta de bonos, 5% con otras fuentes y el restante 60% con emisión. Para que los precios aumentaran 28 veces y destrozaran el valor de los “greybacks”, no alcanza con la teoría de la emisión=inflación, y hay que tener en cuenta que detrás de este desastre económico, están las dificultades para el cobro de impuestos por parte de un gobierno. En economía nada es tan simple como parece.

En el 2001 y en Argentina, el entonces gobernador de la provincia de Buenos Aires, Carlos Ruckauf, tuvo en cuenta esta enseñanza y cuando emitió los Patacones se aseguró que fueran aceptados para el pago de impuestos porque, de lo contrario, hubiéramos empapelado el dormitorio de los chicos con tanta cuasimoneda.

Desde entonces, nuestros ministros de Economía han demostrado un gran conocimiento de historia universal y han incrementado años tras año el peso del Estado (= más impuestos) en la economía para evitar que nuestra moneda algún día siguiera el destino de los pobres “greybacks”: un lujo de funcionarios hemos tenido.

Sin vendedores pero con vendidos

Por suerte para los argentinos hoy solo debemos preocuparnos por un solo dólar; y después de un primer semestre de amor incondicional al peso (es decir, a las Lebac), en el mes de julio el dólar se despertó de su larga siesta y, con extrema rapidez salió de la cama, sorprendiendo incluso a los más avezados traders de la city. Quedó así al descubierto que la mayoría estaba largo de pesos y no esperaba hasta bien entrado el mes de agosto un movimiento alcista en el tipo de cambio. Todos sabían que, en el segundo semestre, la oferta de divisas sería menor por cuestiones cíclicas (el agro liquida menos) y coyunturales (el Gobierno colocaría menos deuda externa), pero lo que no sabíamos era cual sería el catalizador para la disparada. Al final, resultó ser Cristina Fernández de Kirchner y las encuestas de la provincia de Buenos Aires.

Cuando el dólar superó por primera vez los $17 el 24/7, muchos aprovecharon la oportunidad para venderlos a futuro, pero esas fueron las últimas ventas del sector privado porque después de cruzar los $17,40, “not even the parrot” (no quedó ni el loro) para seguir apostando a una baja del billete.

Finalmente, el viernes pasado, apareció el BCRA con US$ 305 millones para traer la calma. La mesa del BCRA vendió a $17,80 los dólares que había comprado en mayo a $15,47 promedio (+15%). Sabemos que nadie confía en sus funcionarios públicos, y hasta el capitán América termina enfrentado a su gobierno. Pero, esta vez, al frente de la cosa pública hay gente seria, y por eso recomiendo seguir de cerca los movimientos del presidente del BCRA antes de que la volatilidad del tipo de cambio nos entierre a todos.

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