Last Train to Argentina

Nota publicada en contratapa del diario El Economista -20/9/17-.

Vittorio Veneto podría ser el nombre elegido para una exclusiva tienda de camisas en la Via Monte Napoleone de la ciudad de Milán. Pero para cualquier italiano, la batalla de Vittorio Veneto contra el Imperio Austrohúngaro significa el final de la Primera Guerra Mundial y consolida la unificación del Reino de Italia iniciada 70 años antes (1848).

La ofensiva italiana que se inició el 23 de octubre de 1918, no sólo fue una gran victoria militar sino también la disolución del imperio de los Habsburgo. Sin embargo, para los historiadores de la Gran Guerra (en su mayoría ingleses) el frente italiano es considerado un teatro secundario y el triunfo en Vittorio Veneto es visto como la persecución de un Ejército en retirada (cualquier similitud con Cambiemos y los restos del kirchnerismo, ¡no es ninguna coincidencia!). El desbande del ejército austrohúngaro se produce como consecuencia del ataque italiano, y no al revés. Antes de la batalla, nadie sabía que entre el 28 y el 31 octubre Checoslovaquia, Hungría y Serbia se declararían independientes precipitando la salida de la guerra, primero, de Austria y, luego, de Alemania.

Es erróneo desconocer la importancia del liderazgo del General Armando Díaz y la cuidadosa planificación militar de Pietro Badoglio (el mismo que el 25 de julio de 1943 enviaría a prisión a Benito Mussolini) en el desmoronamiento final del Imperio Austrohúngaro.

Lo que hoy parece evidente, no lo fue en su día. En unos años, deberemos recordar que antes de estas PASO, no estaba claro que fuera el fin de la carrera política de CFK.

Con las elecciones de octubre tan cerca, mi impresión es la misma: hoy, para una empresa el costo menos evidente a la hora de estimar es el de oportunidad, pero en unos años terminará siendo el más determinante para su supervivencia.

Costo de oportunidad

Una de los aprendizajes más útiles que nos enseñan los mercados financieros es comprender que hay que “comprar cuando la casa está vacía y vender cuando está llena”. Simple, ¿no? Sin embargo, cuesta mucho que se arraigue.

Pensemos que cada vez que Ud. lee alguno de los siguientes titulares (“El déficit fiscal es alarmante”, “El dólar está atrasado” o “Si el contexto internacional cambia, estamos en un problema”) no debe preocuparse. Más bien, todo lo contrario porque indica que todavía está a tiempo de invertir en activos argentinos (siempre que haya miedo o pesimismo, el precio lo reflejará y, por ende, será más bajo).

Como ejemplo lo invito a recordar qué decisión tomó en septiembre de 2014, un año después de las PASO en las que Sergio Massa sepultó la reforma constitucional de CFK, pero sólo tres meses después de declararnos en default por el tema holdouts. Si su empresa está (o estaba) en el sector de la construcción, Ud. tenía dos opciones: a) invertir los pesos excedentes que no podría girar al exterior por el cepo o b) comprar dólares en la Bolsa a $ 16. ¿Sabe Ud. cuál fue el costo de oportunidad de esa decisión? Le doy una pista: haga la cuenta de los negocios que perdió por no tener suficiente capacidad para abastecer una demanda que en los primeros ocho meses del año consumió más cemento que en todo 2014.

Recuerde: el problema del costo de oportunidad es que no se puede calcular en el corto plazo y cuando lo puede hacer: a) su empresa ya perdió bastante cuota de mercado (y Ud., el puesto) o b) la compañía ya no existe porque fue adquirida por su competidor (y a Ud. le dieron unas largas vacaciones).

En 2014 algunos bancos decidieron invertir en el país porque creyeron que valía la pena (a pesar de todo) y hoy miran al resto desde una posición de liderazgo. Esas mismas entidades perciben que dar créditos hipotecarios UVA es una oportunidad única para fidelizar a sus clientes por 20 años en un contexto de mercado cada vez más competitivo gracias a la tecnología.

Por esta razón, en 2017, la mejor estrategia es tratar de estimar el costo de oportunidad de no creer en que estaremos mejor. Al final, en economía tenemos argumentos para justificar tanto a los optimistas como a los pesimistas. La lógica es así: funciona en ambas direcciones. Pero aquellos que en los peores momentos apostaron con inteligencia hoy están mejor preparados para el éxito.

Octubre y más allá

¿Qué pasará después de octubre? La receta Cambiemos apunta a más gradualismo, tanto en lo económico como en lo político. La agenda del Gobierno poselecciones tiene varias de las reformas más esperadas, como la del mercado de capitales y la fiscal, pero la experiencia demuestra que, una vez aprobadas, nos dejarán sabor a poco. A no perder el ánimo porque a medida que pase el tiempo, no sólo quedará desacreditado lo actuado por la gestión anterior, sino también será cada vez más evidente lo caro que resultó no haber aprovechado las oportunidades que nos daba la soja a U$S 600.

Cambiemos tendrá de aquí en más la responsabilidad de quebrar una máxima del General Perón: “No es que nosotros fuimos tan buenos, sino que los que vinieron después fueron tan malos que nos dejaron como buenos a nosotros”.

No debería ser difícil lograrlo más cuando también es del General la frase “nuestra Nación necesita paz y tranquilidad (…) y eso lo hemos de conseguir persuadiendo, y si no a palos” (31-8-55).

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